
” Aún no me he repuesto de la última noche que pasé contigo... Y es que tanta diversión y creatividad a veces agota mi cuerpo. No me interpretes mal, me encanta ser Frida, me gusta lucir mi bigote. O ser un mango, dulce, para que me chupes toda entera y me dejes en los huesos. O ser una princesa del desierto, y comer Couscous con dátiles y beber té verde hasta que la barriga se me ponga tan grande cómo la de un sultán. Quizás prefiera ser un ratoncito y reírme hasta que a ti te sale tu risa de vieja. Y qué tal con una chica posmoderna y cyber-punk para bailar horas y horas al ritmo de esa música que se cuela por mis venas anunciando sensualidad y drogas, y que a ti te hace andar como un chicle? También me gusta ser el lienzo para dar rienda suelta a tu imaginación y que mi pecho acabe lleno de colores y formas que cobran vida y fuerza propia en un mélange de difusión, pelos y sudor. Sin pasar por alto ser una fina señorita de alterne que se esfuma repentinamente en el éter. O ser cómplice de ideas descabelladas como acabar besando una mujer expresionista pintada en una puerta o destrozar la armonía paisajística de la entrada de un hotel, por nombrar algunas... Y podría continuar infinitamente. Todas esas metamorfosis me encantan, me fascinan, me arrebatan, desprenden un perfume de eternidad...
Pero creo que me voy a quedar cómo una foca con barba por hoy.”
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